Martes, Septiembre 07, 2010
   
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Una Obra Surrealista

Un domingo en la tarde me encontraba aburrida en mi apartamento y después de revisar el periódico y otear páginas de noticias repetidas y panfletos de ventas de artículos de moda, oropeles de joyería, carteras, jaulas para aves y camas para las mascotas, (por cierto de todos los tamaños, pequeñas, medianas y grandes), decidí ir a visitar a mi amiga, la doctora. Cuando llegué la encontré ocupada preparando un bulto de esos que cargan los niños en la espalda cuando van a la escuela. La seguí por toda la casa mientras la observaba recoger los juguetes que iba echando en el bulto: bolas y muñecos de vinyl que emitían todo tipo de chirridos al ser apretados. Irmaxia rebozaba de felicidad contándome los pormenores mientras yo permanecía perpleja, sin saber que pensar. —Encontré esta escuelita tan linda. Es tan acogedora y a Andrea le encantó. ­—¿Que qué? Cómo tú lo sabes — le pregunté. —Porque no hizo más que llegar y se fue a conocer a los amiguitos. En un tris estaban corriendo por el patio. Yo no podía comprender el por qué de tanta algarabía y mucho menos con aquella intensidad. —La matriculé por tres días a la semana, solamente. Allí la van a educar en las destrezas básicas, a comportase con la gente y a comunicarse mejor. —Continuaba ella, en lo que a mí me parecía un monólogo de una obra surrealista; ante el cual tuve que reaccionar. —Es que tú tienes que escucharte, porque es increíble. Tu entusiasmo es como de película de Dysney. —¿Qué tiene de increíble? Ven, que te voy a enseñar la ropa que le compré. Mira, para el primer día le voy a poner este vestido con este lazo, rosa porque es su color favorito. —Muy lindo —Le comenté, mientras calculaba mentalmente que el costo de aquel ajuar en total, con lazo y todo, sumaria los cincuenta y cuatro dólares; suficiente para comprar treinta bolsas de arroz que podrían alimentar, como poco, a trescientas sesenta personas. —Se puso tan contenta cuando se lo medí. Y mira, para el “Día de piscina” le compré este traje de baño de dos piezas, rosa con líneas azul bebe. ¡Le queda precioso! Y las sandalias, ¿no te parecen preciosas? —Sí, están bellas. Pero, ¿dónde están las libretas, los lápices, los libros de pintar y las crayolas? ­—tuve que estallar. —Ay no seas tonta, ¿que tú crees?, que no recuerdo que Andrea es una perra — ­me respondió indignada. Sentí que Irmaxia estaba molesta, así que me despedí. El resto del domingo lo pasé en el pet shop; buscando una explicación.

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