Martes, Septiembre 07, 2010
   
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El vals de Juliana

                                              El vals de Juliana

No me extrañé cuando la vi aquella vez. Me había imaginado que de una u otra forma siempre regresaría pues ella solía decir: Yo siempre he estado aquí.

Con esas disertaciones me dejaba pensando en los conceptos de metafísica y de reencarnación. Pero una cosa es imaginar y otra es vivir la experiencia. Ese día cuando me dirigí a la cocina a hacer el café de la mañana y me encontré aquella estampa frente a mí, pensé que seguía dormida.

–Soy yo, Juliana, he regresadome informó, así de sopetón, como si encontrarse  un esqueleto sentado a la mesa del comedor en la cocina fuera una cosa de todos los días. Y a mí, más absurda todavía, no se me ocurrió otra cosa que preguntarle:

–¿Por dónde entraste?

 Después de todo fue lo mejor que dije porque nuestra conversación fluyó tan natural a partir de ese punto, como cuando tenía carne cubriéndole los huesos.

–Por entre las lamas de la ventana, las dejaste abierta me contestó, con un aire tan natural– ¿De quién fue la idea de enterrarme en un ataúd de cinco mil dólares con aquellas flores tan ridículas para que al fin y al cabo no pudiera siquiera moverme dentro de él?

Me recriminó que no abogué por ella; que quería una tumba como la de los faraones egipcios, con sus  joyas adentro y por lo menos unas cuantas botellas de vino y algunos libros para entretenerse.

– ¿Qué podía hacer yo?argumenté–, era solamente tu amiga, tus padres no quisieron. Me dijeron que era una hereje, que a quién se le ocurrían esas prácticas de adoración. Por poco no puedo ni entrar a la iglesia para asistir a  tu misa de Réquiem.

Pero nada, que ella siguió como si yo no estuviera hablando. Ya para ese momento mi único interés era beberme el café, y le ofrecí cuando lo serví.

–No gracias, no tengo dónde echarlo –me dijo jugándose con las costillas–. Ya no me da hambre,  ni diarreas… ni regla, nada de eso –.Continuó diciéndome mientras se paseaba por la cocina, produciendo un sonido de golpecitos cortos y agudos cuando sus huesos golpeaban contra la losa.

Pasamos el día conversando y la invité a vivir, o mejor, a quedarse conmigo. No me iba a costar y tendría compañía. Quijote me alegraba los días y me mantenía ocupada, pero era un perro. Juliana se me presentaba como el ideal de las compañeras de habitación, conversaba, pero no consumía. Llevaba varias semanas en la casa cuando me pidió que la llevara a ver a su familia. Tuvimos un intercambio de frases que yo comencé con: ¿en esa facha, tú estás loca?;  y ella siguió con: ¿cuál facha?;  a lo que yo le respondí con: esa de esqueleto, tu madre se puede morir del impacto; y ella terminó convenciéndome con: no que va a ser, recuerda que es mi madre.

Cuando llegamos a la casa de sus padres yo entré primero y les avisé que les tenía una sorpresa, que aunque pareciera diferente era real. De nada me valió porque la madre se desmayó cuando vio a Juliana entrar y el padre corrió despavorido a esconderse en la cocina. Lo esperamos sentadas en la sala después de que la madre se recobró. Conversamos y pasamos una tarde exquisita. Mi amiga no perdió tiempo para recriminarles a los pobres viejos la caja en que la pusieron.

–Muy, pero que muy incómoda. Al pasar el tiempo fue más cómoda, cuando la carne se fue cayendo, pero al principio era horrible.

El resto del tiempo lo invirtió en ponerse al día sobre la vida y la salud de ellos. Había aprendido durante esos años a no gastar su tiempo en discusiones inútiles. Después de visitar a sus padres le cogió el gusto a salir y a partir de ahí no dejaba de molestarme con que saliéramos a visitar, a ver la gente. Yo no podía hacerle entender la situación por la que ella atravesaba. Un día se me ocurrió llamar a un amigo que es artista plástico para que le hiciera una  cubierta del cuerpo. Me tomó cuatro horas y dos botellas de vino preparar el camino para esta conversación.

–¿Qué Juliana está esqueleto!exclamó mi amigo en un tono burlón–, pero si no le faltaba casi nada para serlo y ya está enterrada.

Entre risa y risa la conversación fue adquiriendo seriedad y mi amigo se ofreció  a verla en ese mismo momento –borracho, porque creo que sobrio no habría podido-.  Ni siquiera por un tris pareció asombrado. (¡Ah, la magia del alcohol!). Después de un rato ya todos compartíamos felices. En una semana mi amiga vestía una recubierta de vinyl tan fino que simulaba la piel (con arruguitas y todo), ojos de cristal, dentadura postiza y peluca de pelo natural. Lista para salir. Obviamente la hizo de mi tamaño para que pudiéramos compartir mi ajuar.

            Comenzamos a frecuentar: a los hoteles, a cenar, al teatro. La estábamos pasando muy bien; hasta que, una tarde en el teatro, un caballero se nos acercó. Desde que lo vi supe que el infierno había llegado. Renato se llamaba. A partir de esa tarde éramos tres. Que en cuestión de un mes éramos cuatro porque Renato se ocupó de encontrar un  amigo para mí. Mi amiga estaba encantada con la idea, pues a partir de entonces ella y Renato salieron solos. Él la encontraba diferente, según me comento ella, pero encantadora. No tenía necesidad de tomar o comer cosa alguna y ese detalle tenía al enamorado intrigado. Ella lo resolvió con una historia de alergias y dietas especiales que calmaron la curiosidad de Renato como se calma la de los niños ante Santa Claus. En todos los momentos posibles, y sin preocuparse por los que estuviéramos presentes, la besaba en la cara, en la frente, en los labios. Juliana, después de cada beso se tocaba el área lentamente, como si pretendiera esculpirlo en su piel. Todo parecía idílico. Eventualmente Renato se enteró del gran secreto y le propuso matrimonio.

La boda se celebró en la Catedral de San Juan y Juliana desfiló con un ajuar diseñado por Carolina Herrera, de falda ancha, plisada, en satén duquesa. Un verdadero sueño. El bouquet de la novia era de rosas blancas con cintas negras. Ella despedía rayos de luz de sus enormes ojos azules y el novio mantenía un aire hipnotizado durante toda la ceremonia. De la iglesia partimos al hotel. Un cuarteto de violines nos recibió en la entrada. En el momento del vals, el novio no dejaba de besar a Juliana y ella repetía aquel movimiento que tantas veces yo había observado; y oteaba alrededor de la sala, repleta de gente, de niños, de amigos y amigas que bebíamos y reíamos con ella. Juliana salió de la pista de baile. No pude comprender su actitud pues hasta ese momento ella se veía feliz. Se paró frente a mí y se arrancó la peluca. Me quedé atónita.  

–¿Qué te pasa? ¿Por qué estás haciendo eso? –le cuestioné varias veces mientras la observaba caminar desesperada de un lado al otro en la sala y decidirse eventualmente por salir corriendo del recinto hacia el jardín del hotel. Renato y yo partimos detrás de ella. Cuando llegamos al jardín la encontramos desvistiéndose. No pudimos calmarla y prosiguió a arrancarse  los últimos vestigios del vinyl para quedarse como el primer día en que la vi sentada a la mesa del comedor después de quince años de muerta: en esqueleto.

– ¡Ahora!, –me dictó con autoridad– rómpeme y  llévame al cementerio.

***

 

Eso fue hace cinco años; y desde entonces, espero encontrarme un fémur o una tibia en la mesa del comedor cuando voy por las mañanas a prepararme el café. Por cierto, tampoco he vuelto a ver a Renato.

  

 

Mibal IX

Nos han abandonado,

solamente se han alejado,

pero ni siquiera nos llaman.

 

La vida es un círculo abierto que sólo lo cierra la muerte.

 

Cierra la puerta,

ven a la cama,

apaga la luz antes.

 

 Debajo de las sabanas mi piel y tu piel

 reposan quietas en el tiempo.

 

Reseña de El pez dorado

Reseña de El pez dorado

 La novela El pez dorado, es de Jean-Marie Gustave Le Clezio (1960), escritor del nouveau roman, ganador del Premio Nobel de literatura del 2008. El comité Nobel lo describió, según La crónica de Hoy (2008), como un  “escritor de la ruptura, de la aventura política y de la sensualidad extasiada”; así como también, “un explorador de la humanidad más allá y por debajo de la civilización reinante”.

 Alain Robbe-Grillet, el máximo exponente del nouveau roman, estableció en una entrevista realizada por Fernando Martin Peña que: “la propia narración pone en cuestión lo que se narra”. Según él, la narración no está para presentar un relato y en general no tiene que ser clara, lineal. Por otro lado, Martin Travers (1997) refiere que este género presenta a un narrador con puntos de vista limitados, incoherentes y “misteriosos”; unos personajes sin profundidad psicológica; una falta de relación entre el tiempo y la narración, de forma tal que la hace sentir fragmentada; y una interpretación difícil.

            Todos esos elementos son evidentes en ésta novela, en la voz de un narrador autodiegético. Comienza en pasado y mantiene ese tono excepto en uno de los capítulos que se narra en presente con la intención de hacernos ver el desequilibrio emocional de la protagonista.

            El título es metafórico y  viene en referencia a la cita de un proverbio náhuatl, la lengua del imperio azteca, que abre el libro: Oh, pez, pececillo dorado, ¡ten mucho cuidado! Son muchas las redes y trampas que te tiende este mundo. En esta novela, Laila, la protagonista, es el pez que pasará por redes y trampas. Secuestrada de su tribu, los hilal, en Fum-Zguid, divagará por espacio de quince años; desde Mellah, a Tabriquet, a Paris, a Niza, de vuelta Paris, a Boston, a Chicago y finalmente de regreso a Fum-Zguid.

Durante esa travesía vivirá una serie de experiencias que, como bien dicta el estilo, se nos presentan para cuestionarlas.

            Sabemos que la historia ocurre en la década de los noventa por la referencia a la novela La Puerta de Oro que, según Lecturalia (2008), fue escrita por Néstor Luján y publicada en el 1990. Los escenarios no se describen a plenitud, pero podemos sentirlos; como por ejemplo, cuando menciona la zona de Back Bay, en Boston.

            La novela tiene más de cuarenta personajes. Dentro de este género de la nouveau roman los personajes no se describen con minuciosidad sino que se presentan con uno que otro detalle físico y lo demás se muestra. Algunos de los personajes están nombrados y no tienen un rol mayor que el de estar en la novela. Otros, ejercen una función en el desarrollo y sentido de la obra. De estos últimos voy a mencionar algunos.

-Laila- la protagonista, es una niña negra que es raptada de su tribu y vendida a una mujer judía que la cría encerrada en la casa. Este es un personaje redondo que se transforma a medida que avanza la narración, de una niña frágil y asustadiza, a una mujer decidida que parte de regreso a buscar su origen.

Lalla Asma- una mujer judía que cría a Laila. Es noble y cariñosa. Protege a la niña y no la desprende de sus raíces musulmanas.

Zohra- la yerna de Lalla Asma. Una mujer que abusa físicamente a Laila.

Abel- el hijo de Lalla Asma. El primer hombre que intentó abusar sexualmente de Laila.

Huriya- una de “las princesas”, como llamaba Laila a las prostitutas que la cuidaron cuando muere Lalla Asma. Ésta asume el rol de madre y la llevará a París.

Sr. Ruchdi- el profesor que le recomienda cuáles libros leer.

Yamba El Hadj Mafoba- el abuelo de un amigo. Al morir le testa el pasaporte de la nieta muerta para que Laila tenga una identidad con la que pueda moverse.

Simone- una negra haitiana que le sirve de referente pues camina orgullosa. Con ella aprende a cantar.

Jean Vilan- joven francés que se convierte en su amante y con el que continua al finalizar la novela.

Enfermera Chávez- la enfermera que la atiende en la meningitis y que la deja partir del hospital. Más tarde visita a Laila en el hospital siquiátrico. Laila le pone de nombre Nada.

Los recursos técnicos utilizados en esta novela son generalmente sencillos y poco frecuentes. El uso de los diálogos es mínimo. El tiempo es mayormente lineal, pero ocasionalmente vemos la retrospección, especialmente con la historia de su rapto. También vemos el recurso de caja china en la historia Bilal, el esclavo  (p.131). Por otro lado, podemos ver: el símil: […] sentía que el miedo se deslizaba dentro de mí como una serpiente fría (p. 10); la metáfora: Dejaba mi infancia al otro lado del rio (p. 60); la personificación: …las simpáticas ardillas [](p. 64); y la intertextualización en la cita de un poema de Aimé Césare: Dadme mis danzas mis danzas de negro […](p. 136);  y en la de un párrafo de El arpa de hierba, de Truman Capote: ¿Cuándo oí hablar por primera vez del arpa de hierba?[…] (p. 179).

En relación a los temas podemos identificar:

-Las costumbres judías: se hace referencia a que se limpian sus partes íntimas con la mano derecha.

-La pedofilia: es presentada en varias ocasiones comenzando por Abel.

-La prostitución: vista en la casa de “las princesas”.

-La corrupción de diplomáticos: […] vino un hombre en un coche negro muy grande con los cristales ahumados y dos banderas de color verde, blanco, rojo y negro en las aletas (p. 34), así presenta al caballero que llega a buscar a una de las prostitutas.

-El exhibicionismo: presentado en la figura del distinguido anciano de barba blanca (p. 42), que le enseña el pene a Laila.

-Las diferencias sociales: visto por ejemplo en -[…] barrios burgueses, elegantes, desiertos a las tres de la tarde. Barrios populares, bulliciosos, […], jardines polvorientos llenos de gente muy rara… hoteles de mala fama… (p. 95).

- La colonización europea: en las referencias al libro de Frantz Fanon, Los condenados de la tierra.  

-Los museos- este tema se aborda para censurarlos: Han robado las estatuas, las máscaras… (p. 123)

-La violencia doméstica: la presenta en la figura de Simone.

-La brutalidad policíaca- este tema se aborda con la figura de Alcidor, joven con retraso, que es golpeado por la policía sin ninguna razón.

La infidelidad- vista en casi todos los hombres que se relacionan con Laila y en ella misma.

-Las guerras entre las tribus- que es la causa por la cual raptan y venden a Laila.

-Las minorías en distintos países- Visto en la figura de Laila y de otros como por ejemplo: africanos, haitianos y ecuatorianos.

El conflicto principal de esta obra está en la figura de Laila. La joven al haber sido raptada a los seis años carece de una identidad propia y se ha ido moldeando con las características de aquellos que la han protegido al pasar del tiempo. Va lentamente convirtiéndose en un ser amorfo y multiétnico que habla árabe, francés, alemán e inglés; que comienza queriendo estudiar, luego parece querer cantar o tocar el piano y al final se encuentra consigo misma y decide regresar a sus raíces. El autor nos deja saber esto cuando narra la ocasión en que Laila firma un autógrafo como NADA Mafoba (p. 220). Etimológicamente, la palabra “nada” deriva de la frase del latín res nata  que significa cosa nacida. Aquí posiblemente tenemos un ejemplo de intertextualización con NADA de Carmen Laforet.

No puedo predecir si será parte del “canon de la literatura universal”, pero lo que sí puedo establecer es que es una gran obra. La forma concisa en que este autor es capaz de dejarnos ver una realidad universal es magistral. Yo la leí dos veces y volvería a leerla. Me ha atrapado este estilo sin rebuscamiento ni descripciones superfluas que nada abonan a la historia.   

 

Bibliografía:

1-(2008, octubre) La crónica de Hoy Sacado en 22 de marzo de 2009 de: http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=390129

2-(2008) Malba Constantini Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Extractos de una entrevista realizada por Fernando Martin Peña para Film, Buenos Aires, diciembre/enero de 1994-1995) Sacado el 22 de marzo de 2009 de: http://www.malba.org.ar/web/cine_ciclo.php?id=123&subseccion=programacion_pasada

3-(1997) Travers, Martin: An Introduction to Modern European Literature: From Romanticism to Postmodernism, Palgrave Macmillan, 1997. Sacado el 23 de marzo de 2009 de: http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_y_postmodernidad//

4-(2008) Omniglot writing systems and languages of the world Sacado el 22 de marzo de 2009 de: http://www.omniglot.com/writing/nahuatl.htm 

5-(2008) Lecturalia red social de literatura, comunidad de lectores y comentarios de libros. Sacado el 23 de marzo de 2009 de: http://www.lecturalia.com/libro/3329/la-puerta-de-oro

6-Le Clezio, J.M.G. (1999). El pez dorado,  Tusquets editores, S. A. Barcelona

7- (2007) Pensamiento Abierto. Los condenados de la Tierra- El prólogo de J.P. Sartre al libro de F. Fanon .5 de septiembre de 2007. Rafael Sacado el 23 de marzo de 2009 de: http://www.rafaelcastellano.com.ar/wordpress/?p=294

   

Cuando el mar desemboca en el rio

Cuando el mar desemboca en el rio

Un mar de sangre encabrita su oleaje salpicando la costa y se entrega dócilmente a la orilla para penetrar por las aguas del río.

El río de sangre cimbrea su camino hasta encontrar al embalse, extrañando a las lavadoras de las orillas que hace mucho tiempo se han ido.

El embalse de sangre se pierde en la maleza del monte y entra por el ojo de una tubería rural rota para abrirse a la luz en un espacio aporcelanado y moderno.

Allí flota, con fragmentos humanos, ante la mirada de un diminuto ojo que los observa mientras espera que del aire caiga otro ojo hermano; que sale de los dedos siniestros de la madre, temerosa ante el qué dirán del barrio. Este ojo, al caer, contempla el cuchillo asido por la mano diestra y al lienzo del piso de la ducha, donde descansan el resto de las piezas del rompecabezas de una vida recién estrenada: regalo de quinceañera impuesto por un hombre casado, sobre la sábana blanca de la arena; allí, donde el río desemboca en el mar.

 

 

Mibal X

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Con la tinta desplazamos el calor y  humedecemos los labios,

sangramos amor,

abrimos fortalezas y cerramos universos.

Brota de la masa viva la tinta transformada en arrullo,

en brasa sicalíptica,

en sifón embriagador o en espada que sana la herida.

A veces… se escupe sin pensamiento.

Es la tinta que se pierde en la intención y nos marca, nos amarra…

nos obliga a retirarnos al mundo parco del silencio;

en él, otra tinta espera para brotar con la llave que mitigue y transforme el dolor para siempre,

con la semilla que germine el laurel en el desierto.

   

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